Lugares para visitar en Arequipa



Hermosa, con muchos lugares por conocer, una exquisita gastronomía y maravillosos paisajes. Eso y más es Arequipa.

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Conocida como ‘La ciudad blanca’, por el color que predomina en sus templos y casonas, es la tercera ciudad más visitada de nuestro país, después de Cusco y Lima. Entre sus atractivos turísticos se encuentran: la Plaza de Armas, la Catedral neo – renacentista, Complejo de la Compañía, Monasterio de Santa Catalina, Convento de La Recolecta, Casa Goyeneche y Mirador de Yanahuara.



Una de las cosas que más atrae de esta ciudad es su variada y deliciosa gastronomía, entre los que destaca: el rocoto relleno, solterito, la ocopa, queso helado, adobo y el chupe de camarones. Un buen lugar para disfrutar de estos es el restaurante Alma Cocina Viva, y si buscas dónde hospedarte, Casa Andina es una de las mejores opciones. Tienes motivos más que suficientes para vistarla.

Rutas

Desde Lima, el viaje en bus demora 15 horas; mientras que en avión, alrededor de una hora.

Más info

Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540 por Garcí Manuel de Carbajal en el valle del río Chili como la “Villa de la Asunción de Nuestra Señora del Valle Hermoso de Arequipa”.



Su mayores atractivos son: La plaza de Armas, La Basílica Catedral y el Palacio Municipal, levantados con una bella arquitectura y rodeados de arcos de sillar. Estos son muy concurridos por turistas y son los causales de las fotografías de postales.

Asimismo, esta ciudad cuenta con 500 casonas antiguas y coloniales. Destacan la Casa Moral, la Casa de Tristán del Pozo, la Casa de Irriberry, El Palacio de Goyeneche y la Mansión del Fundador.

Su clima es predominantemente seco. De diciembre a marzo es lluvioso, mientras el resto del año se mantiene soleado durante el día y frío en las noches. La temperatura promedio es 10ºC.

Conocida como la “ciudad blanca”, Arequipa es sin duda merecedora de tal apelativo. Este epíteto se debe a sus construcciones hechas con sillar, una piedra volcánica de color blanco intenso que abunda en la zona y que engalana las fachadas de sus templos, casonas y edificios públicos. Ubicada a 2,350 msnm sobre el valle del río Chili, a poco más de mil kilómetros al sur de Lima, la ciudad se encuentra flanqueada por las cumbres de tres grandes volcanes nevados: el Misti (5,825 msnm), el Chachani (6,025 msnm) y el Pichu Pichu (5,425 msnm).
Su campiña posee un clima templado y agradable, con casi 300 días de sol al año y temperaturas medias anuales del orden de los 18°C. Cuenta con un impresionante patrimonio de iglesias y mansiones coloniales, evidencia del rico pasado de la región, antaño emporio comercial que servía de nexo entre España y las minas de Potosí, en el Alto Perú.

Iglesias y casonas

Recorrer Arequipa, con sus calles estrechas y fastuosas construcciones, es un placer para la vista. Si de arquitectura religiosa se trata, por ejemplo, es imposible dejar de referirse al convento de Santa Catalina, quizás la más espectacular edificación colonial de la ciudad. Fue fundado en 1580 para albergar a un selecto grupo de monjas de clausura (en actividad hasta el día de hoy).

Construida en 1656, la Catedral de Arequipa posee un hermoso altar labrado íntegramente en mármol de Carrara y un órgano belga considerado el mayor de Sudamérica. La iglesia y convento de Santo Domingo, ubicado en las inmediaciones de la plaza de armas, constituye por su parte una primorosa muestra de arquitectura del siglo XVII en la que los estilos románico y morisco confluyen para lograr uno de los monumentos religiosos más importantes del país.
También está la iglesia de La Merced, construida y reconstruida luego de los sismos, siempre a base de sillar. Posee una hermosa fachada cuyo pórtico –según se cree– data del siglo XVII. En su interior destacan por su elegancia la Sala Capitular, una valiosa biblioteca y numerosos lienzos antiguos.

La iglesia de San Agustín inició su construcción en 1576 y su fachada, concluida durante la primera mitad del siglo XVIII, está considerada como la mejor de su época. En su interior subsiste, a pesar de los terremotos, una primorosa cúpula con motivos barrocos y mudéjares.
Finalmente, La Compañía de Jesús, la iglesia mejor conservada de la ciudad, inició su construcción en el siglo XVI y fue concluida en 1698. Posee una hermosa fachada barroca y amplios patios. Su interior, bañado por una singular luz amarillenta debido al paso de la misma a través de las cúpulas de piedra de Huamanga, constituye un espectáculo sobrecogedor.

Si los templos de Arequipa son obras maestras de arquitectura, sus casonas no se quedan atrás. Allí está, por ejemplo, la Casa del Moral, uno de los monumentos más antiguos de la arquitectura civil arequipeña del período barroco. Debe su nombre al añoso árbol de mora que crece en su patio central. Cuenta con una hermosa fachada en sillar rematada en un tímpano de diseño notable.

Los alrededores

¿Quién no ha visitado Yanahuara? Aquel barrio tipo sevillano, con calles estrechas y fachadas al estilo colonial, se ubica en lo alto de una colina que domina la ciudad. Aquí están los talleres de artesanías y una pequeña iglesia (San Juan de Yanahuara) construida en el siglo XVII. A sólo unos minutos de la ciudad se encuentra Sabandía, donde se emplaza el famoso molino de grano (actualmente convertido en museo) construido en 1785 y que funcionaba con energía hidráulica proveniente de una bella caída de agua. La construcción es impresionante y se encuentra enmarcada por un paisaje bucólico de gran belleza.

El litoral de arena ,mares y valles

Muy pocos lo saben, pero Arequipa posee el litoral más largo, despoblado y desconocido de la costa peruana. Se trata de 600 kilómetros de playas de arena que parecen nunca acabar; roqueríos y acantilados que, cortados a tajo, ocultan las más bellas caletas de pescadores artesanales; fértiles valles que acaban justo sobre las olas y vestigios de culturas prehispánicas a sólo un par de metros de las aguas frías y azules. No por nada los arequipeños se jactan de poseer una costa de maravilla.

Donde sí es posible, y casi obligatorio ingresar al viajar por los desérticos parajes del sur, es al balneario de Lomas. Alegre y soleada, esta pequeña caleta de pescadores y marisqueros conserva aún mucho del sabor tradicional de los antiguos puertos: casonas hechas con madera de pino de los contenedores de viejos barcos y toda la paz de quienes viven de la espera. Lomas es un sitio excelente para la pesca y el buceo deportivos (muy cerca de la playa se encuentra hundido el vapor Pachitea, que naufragó en 1915).

El desierto envuelve al viajero una vez más para regalarle la imponente vista del olivar de Yauca. Dicen que los grandes bosques que hoy pueblan el valle fueron cultivados a partir de una sola planta de olivo, robada de un jardín de San Isidro, en Lima, donde la sembrara (allá por el año 1550) el conquistador don Antonio de Rivera. Este pequeño pueblo vive hoy de la producción de aceitunas y aceite de oliva.
El valle da paso a los médanos, que barre sin cesar el viento del sur. Se trata de Tanaka, un poblado fantasma donde las tormentas de arena son tan frecuentes que las casas muestran sus ventanas tapiadas. Desde allí se sucede una cadena de montañas de roca pulida por la erosión, conocida como el Morro Chala, uno de los rezagos de la antigua Cordillera de la Costa.

A medida que se prosigue hacia el sur, aparece una serie de quebradas con vegetación, producto del agua de neblina captada en las colinas cercanas. Aquí florecen las lomas de Atiquipa, las mayores del país y fuente de recursos para ganaderos nómadas desde tiempos inmemoriales.
Continuando este viaje imaginario hacia el sur arequipeño, se encuentra Puerto Inca, también conocido como Quebrada de la Huaca (nombre que le diera el historiador Max Uhle), una hermosa playa que cuenta con restos arqueológicos a escasos metros de las olas.

Como por arte de magia, el desierto se convierte en verdes campos de arroz. Es Camaná, una ciudad pequeña y tranquila (para algunos, demasiado tranquila), famosa por sus camarones y buenos chifas. Desde este punto los caminos se alejan de la costa y se internan definitivamente hacia el este, rumbo a las desérticas pampas de Sihuas, a aproximadamente 1,000 msnm.

Viendo las chacras es fácil experimentar la sensación de estar en un verdadero oasis rodeado de áridas y enormes montañas. Cerca del pueblo de Corire se encuentran los petroglifos de Toro Muerto, un singular conjunto formado por cerca de cinco mil rocas con diseños labrados en bajo relieve por los antiguos habitantes del valle.

De las pampas que irrigan los estrechos valles arroceros y cebolleros se sucede una serie interminable de estribaciones andinas de cara al Pacífico. Son tierras abruptas y accidentadas, marcadas con las huellas de millones de años de erosión e intemperismo. Es el desierto andino que cubre gran parte del departamento de Arequipa.

Esto y mucho más es la costa arequipeña. Una tierra antigua, de arenas y vientos, pero dotada de una herencia volcánica que le confiere ese carácter extraño, siempre cambiante. Ya lo sabe, cada vez que recorra sus pampas y desfiladeros recuerde que está en el patio de juegos de los volcanes.



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