Descubre al Señor de Sipán en Lambayeque



¿Cómo competir con Machu Pichu? ¿Qué se puede comparar con las líneas de Nasca? Y luego Lima, sus museos, sus barrios y su intensa vida nocturna, aderezada por una de las mejores comidas del continente… Eso ya es un viaje más que completo. Estos dos sitios arqueológicos y la capital del país arrasan con la oferta turístico-cultural que atrae a millones de personas que cada año hacen un viaje que puede ser largo y cansado, pero que se ve recompensado con esplendores que llenan la mirada y el espíritu durante el resto de nuestra vida.

Sin embargo, Perú es mucho más: es uno de los destinos obligados para cualquier viajero internacional, y es particularmente atractivo para un latinoamericano, pues aquí encontramos uno de los mayores acervos de nuestra región, los cimientos de una identidad más amplia que nuestras propias fronteras, aquello que nos hace reconocernos como uno solo cuando nos encontramos lugares que no son los propios.

Así, cubierta la cuota del turista tradicional y las visitas obligadas, comienza el verdadero descubrimiento.

Lambayeque y sus tesoros

Entre todas las demás posibilidades que ofrece este país, a unos de 805 kilómetros al norte de Lima se encuentra Lambayeque, cuya cultura moche sorprende al viajero desprevenido, como yo, que pasé por aquí en 2005 gracias a un evento académico, invitado a impartir una conferencia en una de sus principales universidades.

Llegar por tierra no es fácil, son casi 11 horas por carreteras que costean el Pacífico con tramos desolados. La opción es volar a Chiclayo y de ahí ya estamos a menos de 20 minutos de Lambayeque.

El Museo Arqueológico Nacional Hans Heinrich Brüning (a quien yo me atrevo a llamar el otro Humboldt) es el referente de los trabajos de recuperación de piezas que pueden llegar a datar 10,000 años y entre las que destacan los restos del Señor de Sipán, poderoso rey que nos permite vislumbrar la riqueza de una cultura que hizo del arte una forma de ser.

Recibidos por la típica figura del rey Naylamp (reproducida en dijes, collares, postales y casi cualquier objeto que sirva como suvenir), las cinco salas de exposiciones dan testimonio de la grandeza de las culturas Lambayeque, Moche, Chavín y Vicús Inca. Maravilla la cerámica erótica, algo pocas veces visto en el acervo precolombino.

A menos de 30 kilómetros al este de Chiclayo se llega a Sipán (la Casa o Templo de la Luna o Casa de los Señores), y ahí se encuentra el Museo de Sitio Huaca Rajada, morada de la tumba del Señor de Sipán, fielmente reconstruida, y que permite vislumbrar la importancia del trabajo de rescate realizado por los arqueólogos del Museo Brüning, desde finales de los 80 del siglo pasado, cuando la zona era objeto de saqueos de tumbas. Sorprende saber que los cerros parduzcos que nos rodean no son formaciones naturales, sino pirámides de barro que el viento, la lluvia y el tiempo

Conforme los trabajos de rescate fueron cobrando dimensiones cada vez más importantes, creció la necesidad de un nuevo espacio cultural para preservar los hallazgos (unas 15 tumbas reales y más de 50 entierros). Así se lograron reunir los fondos para la creación del Museo Tumbas Reales de Sipán, un espacio digno de cualquier gran metrópoli del mundo.

Casado como estoy con una gran restauradora mexicana, su mirada me permite dimensionar lo que vi en las salas de ambos museos. El trabajo de restauración y conservación realizado con las miles de piezas que conforman las cinco colecciones exhibidas en el Museo Tumbas Reales es estupendo y, junto con una museografía de gran nivel, lo convierten en un privilegio cultural para cualquier visitante.

Y sí, Perú es mucho más que lo que ya de por sí tiene de inmenso. Lambayeque es muestra de ello.



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